No hace mucho hablaba de un regalo que encontré y que aún no he abierto. El regalo sigue ahí, con el envoltorio transparente que me deja verlo desearlo, si bien no me deja hacer uso de su contenido y que su contenido no sepa de mi existencia, pues lo que sucede es que el último regalo que abrí fue tan delicioso como pernicioso, además que debido a ciertas características mías me producía algún que otro efecto nocivo del que aún estoy recuperándome.
Hace tiempo me dije que, si bien no podía evitar volver a encontrar otro regalo similar o incluso mejor, no me apetecía volver a sufrir tanto como lo hice. Claro está, el contenido del regalo que os hablo cumple todos los requisitos necesarios para hacer que me olvide de todo.
Hoy, para colmo, el regalo ha tomado un cariz nuevo que lo hace más apetecible, si cabe, que antes. La verdad es que este cariz, su olor, siempre estuvo ahí, desde el primer momento. Soy especialmente olfativo, para lo bueno y para lo malo, y cuando establezco un contacto el olor me hace marcar un comportamiento concreto hacia su productor, por supuesto añadido a otros factores. El olor del regalo que aún no se si será mío, o yo suyo, o, lo mejor, ambas cosas, me resultaba familiar desde que me aproximé a su contenido, algo que si bien yo no había querido reparar en el por diferentes motivos, hace tiempo que estaba ahí. Ese olor conocido, pero al que o lograba dar nombre, me inundaba y me inunda, me obsesionaba y me obsesiona, me enamoraba y me enamora. Ese olor esta noche, cuando iba en mi coche, despacio y respirando el aire de la calle, lo he identificado: ¡Su aroma es el de una noche de verano!, como comprenderéis el corazón ha empezado a palpitar más allá de lo apetecible y, a la vez, de la manera más deliciosa del mundo…
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miércoles, 25 de junio de 2008
miércoles, 27 de febrero de 2008
Como un personaje creado por Woody Allen...
...así me sentí el otro día. Te cuento.
El otro día, fui a ver a una amiga a la que conocí hace tiempo, la cosa es que, en su momento, pudo haber algo entre nosotros y no lo hubo, por mi culpa.
Recientemente retomamos el contacto y decidimos vernos de nuevo. Sin entrar en mas detalles, quedamos en su ciudad (vivimos cerca pero en ciudades diferentes. La idea y el fin del encuentro (creo que por ambas partes) estaba clara y no hace falta mucha imaginación. Pero, a lo que iba, después de ir a dejar las cosas a mi hotel, nos fuimos a tomar un café, me dice que en breve llegará una amiga suya. Cuando llega su amiga y la veo me da un vuelco el corazón, no la conocía pero la miré como si la conociera y deseara conocerla de toda la vida.
En toda la noche no pude de dejar de pensar en ella, no pude de dejar de mirarla. Ella era lo más bonito que yo había visto nunca (ya se, tópico, pero como en mi vida yo soy juez y parte de lo que veo ella es lo más lindo que he visto y no hay discusión posible).
Aquella noche, intenté esquivar disimuladamente a la chica - a la que yo iba a ver originariamente -, algo que creo que ambas percibieron. Yo (de autoestima débil a lo que doy 'gracias' a mi infancia) percibí (creo) interés de mi recien hayada princesa por mi persona (suena rancio, sobre todo de boca de un republicano confeso, pero, que le voy a hacer, me da lo mismo).
Pasé una noche estupenda, sobre todo por su presencia, lo único que me sobraba, aunque suene cruel, era la amiga común, un encanto, pero a miles de años luz de lo que yo empezaba a sentir por mi más reciente conocida.
La noche se estiró hasta las seis de la mañana. Hablamos, nos dejamos mojar por la lluvia paseando, bebimos y nos tocamos (nada lascivo) pero dañino para mi corazón, si este tuviera problemas, por los botes que daba cuando ella se acercaba. Es decir, me enamoré. No me avergüenza reconocer alo que simplemente pasó y que hubiera sido perfecto de no ser porque cumplía el tópico de que tres son multitud, y eso es lo que éramos, tres y multitud.
La noche terminó, deje a mi querida princesa en su casa y me fui paseando a mi hotel en la compañía de la amiga original que tenía ganas de algo más que de un par de besos de despedida, algo que yo no le di (lo que ella quería además de los besos, claro) y se fue a casa compuesta y sin... Desde entonces no puedo quitarmela de la cabeza, a mi princesa, y sueño, dormido y despierto, en estar con ella.
Mientras, su/mi amiga, la presentadora de ambos, no deja de llamarme y yo, que huí despavorido al día siguiente, sin el teléfono de mi princesa, pero si con su correo, intento quedar con ella para ser feliz...
Te tendré informado...
El otro día, fui a ver a una amiga a la que conocí hace tiempo, la cosa es que, en su momento, pudo haber algo entre nosotros y no lo hubo, por mi culpa.
Recientemente retomamos el contacto y decidimos vernos de nuevo. Sin entrar en mas detalles, quedamos en su ciudad (vivimos cerca pero en ciudades diferentes. La idea y el fin del encuentro (creo que por ambas partes) estaba clara y no hace falta mucha imaginación. Pero, a lo que iba, después de ir a dejar las cosas a mi hotel, nos fuimos a tomar un café, me dice que en breve llegará una amiga suya. Cuando llega su amiga y la veo me da un vuelco el corazón, no la conocía pero la miré como si la conociera y deseara conocerla de toda la vida.
En toda la noche no pude de dejar de pensar en ella, no pude de dejar de mirarla. Ella era lo más bonito que yo había visto nunca (ya se, tópico, pero como en mi vida yo soy juez y parte de lo que veo ella es lo más lindo que he visto y no hay discusión posible).
Aquella noche, intenté esquivar disimuladamente a la chica - a la que yo iba a ver originariamente -, algo que creo que ambas percibieron. Yo (de autoestima débil a lo que doy 'gracias' a mi infancia) percibí (creo) interés de mi recien hayada princesa por mi persona (suena rancio, sobre todo de boca de un republicano confeso, pero, que le voy a hacer, me da lo mismo).
Pasé una noche estupenda, sobre todo por su presencia, lo único que me sobraba, aunque suene cruel, era la amiga común, un encanto, pero a miles de años luz de lo que yo empezaba a sentir por mi más reciente conocida.
La noche se estiró hasta las seis de la mañana. Hablamos, nos dejamos mojar por la lluvia paseando, bebimos y nos tocamos (nada lascivo) pero dañino para mi corazón, si este tuviera problemas, por los botes que daba cuando ella se acercaba. Es decir, me enamoré. No me avergüenza reconocer alo que simplemente pasó y que hubiera sido perfecto de no ser porque cumplía el tópico de que tres son multitud, y eso es lo que éramos, tres y multitud.
La noche terminó, deje a mi querida princesa en su casa y me fui paseando a mi hotel en la compañía de la amiga original que tenía ganas de algo más que de un par de besos de despedida, algo que yo no le di (lo que ella quería además de los besos, claro) y se fue a casa compuesta y sin... Desde entonces no puedo quitarmela de la cabeza, a mi princesa, y sueño, dormido y despierto, en estar con ella.
Mientras, su/mi amiga, la presentadora de ambos, no deja de llamarme y yo, que huí despavorido al día siguiente, sin el teléfono de mi princesa, pero si con su correo, intento quedar con ella para ser feliz...
Te tendré informado...
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